lunes, 9 de marzo de 2009

La Semana Mayor


El Acontecimiento más significativo e importante en esta época del año para los que profesamos la fe cristiana lo es la semana mayor o Semana Santa. En estos días conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo. La Fecha de celebración de La Semana Santa es fijada por la primera Luna Llena o plenilunio posterior al Equinoccio de Primavera del hemisferio norte. El Domingo de Ramos es el domingo anterior a dicha Luna.

Los evangelios relatan que aquel domingo se cumplieron algunas de las profecías que acerca de Jesús, había escrito el profeta Isaías. A continuación "Tabernáculo Prensa de Dios", les presentamos un relato resumido de los hechos ocurridos hace dos mil años, según lo narrado por los apóstoles en los evangelios.

Entrada a Jerusalén

El señor y sus discípulos habían salido de Bethania y se encontraban frente al monte de los olivos, muy cerca de Jerusalén. Jesucristo envió a dos de sus discípulos a buscar un burrito que no había sido montado nunca por hombre alguno. Estos trajeron al animal y sobre su lomo tendieron sus mantas. Jesús montó sobre el pollino e hizo su entrada a Jerusalén mientras los habitantes de aquella ciudad y una gran multitud de personas que se hallaban allí por motivo de la celebración de las pascuas de los judíos lo aclamaban gritando a viva voz Hosanna al rey de Israel, Hosanna al hijo de David, bendito el que viene en el nombre del señor, hosanna en las alturas. Estos cantos de alabanzas forman parte de los salmos escritos por David, los cuales había escrito siglos atrás refiriéndose a aquel momento en que el Mesías entraría a la ciudad sagrada de Jerusalén. La multitud tendía sus mantos delante de Jesús, otros cortaban ramas de los árboles y de las palmeras y las ondeaban al aire aclamando al Mesías como el verdadero rey. Un rey que había mostrado señales de su procedencia divina a todo el pueblo de Israel y cuyo nombre había trascendido ya las fronteras de muchas otras naciones debido no sólo a aquellas señales prodigiosa sino también a las muestras de su gran sabiduría con la que bendecía, instruía y a veces reprendía a aquellos que lo escuchaban. Aquel hombre que había alcanzado toda la grandeza que los antiguos de él habían profetizado, no entró a la ciudad con una escolta de hombres armados, ni con joyas o vestidos preciosos que lo adornaran, tampoco lo hizo sentado en un vistoso carruaje, aunque todo aquello lo hubiera obtenido de haberlo querido. Pero dando muestra de humildad y mansedumbre, entró montado en un asno, coronando así su misión predicadora y marcando el comienzo del final de sus días como hombre de carne y hueso. Le quedaba solamente una semana de vida terrenal, él lo sabía y estaba dispuesto a cumplir la voluntad del padre y pagar nuestras deudas acumuladas desde la trasgresión de Adán en el huerto del Edén. Cuando Jesús estuvo cerca de la ciudad, lloró al contemplarla y dijo estas palabras: "¡Oh, si conocieses tú también, por lo menos en éste tu día, lo que conduce a tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos. Porque vendrán sobre ti días en que tus enemigos te rodearán con baluarte y te pondrán sitio, y por todos lados te apretarán, Te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti. No dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación".

Purificación del Templo

Una vez estuvo dentro de Jerusalén, Jesús fue luego al templo y echó fuera de allí a cambistas y comerciantes que habían convertido en un mercado la casa de oración dedicada al señor. Estuvo allí todo el día predicando sobre el reino de los cielos y sanando a los enfermos que a él venían y para que se cumpliera otra profecía, aún los niños inocentes lo reconocían como el rey de Israel y aclamaban su nombre con alabanzas. A todo esto, los fariseos sentían gran temor e indignación ante el número creciente de seguidores de Cristo pues no querían perder el poder que ostentaban sobre todo el pueblo de Israel. Ya estaban decididos a matarle y buscaban cualquier oportunidad para tenderle trampas y poder demostrar que había violado la ley de los judíos. Se acercaron a Jesús y le preguntaron de donde obtenía la autoridad para enseñar aquella doctrina diferente a la de ellos. Jesús a su vez les preguntó sobre Juan el bautista diciendo: El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres. Los fariseos respondieron que no sabían, pues temían al pueblo si decían que era de los hombres, ya que la gente consideraba a Juan un profeta, y si decían que era del cielo Jesús les preguntaría ¿Por qué, pues, no le creísteis?"

Al escucharlos Jesús les dijo que él tampoco les diría con que autoridad enseñaba aquellas cosas.

Escribas, fariseos, saduceos y herodianos buscaron engañarle con palabras sin ningún resultado. Por el contrario, muchos dirigentes creyeron en Jesús y no lo confesaban pues temían la represalia de los principales sacerdotes de los fariseos y temiendo ser expulsados de las sinagogas, amaron más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. El señor llamó a los fariseos serpientes y víboras, los tildó de hipócritas y les dijo que el padre quitaría de ellos el privilegio de ser sus elegidos para predicar acerca de su reino. Advirtió a sus discípulos acerca de los falsos profetas que aparecerían en la tierra antes de los días finales y les habló de las señales que indicarían que aquellos días estaban cerca. Fueron muchas las enseñanzas que Jesús impartió, aún así muchos dudaban, porque Dios les había endurecido el corazón. Mientras tanto Judas hacía pacto con los fariseos para entregarles al cristo. Treinta piezas de plata fue el precio convenido, Judas había vendido al maestro y tal como lo decían las escrituras… la traición era una realidad.

Jueves Santos.

Se celebraba el día de los panes sin levadura, las pascuas de los judíos. Era un día importante para el pueblo de Israel, era un día sagrado y por tanto el señor y sus discípulos se reunieron para celebrarlo. Jesucristo, el más humilde de los hombres que han pisado la tierra, lavó los pies de los apóstoles, enseñándoles que no había venido al mundo para ser servido sino para servir, que ellos y todo aquel que creyera en él, debía humillarse para ser enaltecido y que en cambio, los que se enaltecieran serían humillados les enseñó esto, pues sabía que ellos discutían entre sí sobre cual sería más importante en el reino de los cielos. En la cena el señor partió el pan y dando gracias dijo a sus apóstoles:

Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado. Haced esto en memoria de mí. Después de cenar, tomó el vino y dando gracias de nuevo, dijo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. Luego de la cena anunció la traición de Judas y que el mismo Pedro llegaría a negarlo tres veces antes que el gallo vantara. Esa noche, tal y como acostumbraba, se dirigió al monte de los olivos a orar y fue allí donde fue entregado por Judas, pues él conocía aquel lugar.

Todas las cosas sucedieron como estaban escritas, en un solo día Jesús fue interrogado por los principales sacerdotes de los fariseos, por el gobernador Poncio Pilato, por el rey Herodes y luego de vuelta ante Pilatos. Nada fue hallado en su contra, porque ninguna trasgresión había cometido. Aún así fue azotado y maltratado por la guardia de Pilatos, quien luego intentó ponerle en libertad, mas no pudo. Los fariseos se opusieron con fuerzas e incitaron al pueblo a preferir la liberación de un asesino llamado Barrabás y no la del cristo. Pilatos, temiendo provocar una rebelión ordenó su crucifixión. Cuan vil delincuente fue crucificado el cristo entre malhechores. Mujeres lloraban, algunos se burlaban del señor y le gritaban: si eres el hijo de Dios sálvate a ti mismo. La compasión nunca abandonó el corazón del señor, quien aún estando crucificado pidió a su padre que no les tomara en cuenta aquel pecado a esos hombres pues ellos no sabían lo que hacían. Había venido a los suyos y no le conocieron. Vino al mundo a enseñar la verdad, a mostrar el camino de la salvación y a reconciliar a la humanidad con el creador. Aquel mismo día nuestro señor Jesucristo murió en la cruz.

La Resurrección

Dos de los discípulos que secretamente habían recibido las enseñanzas del señor Jesús se encargaron de darle sepultura al cuerpo de nuestro señor. Eran ellos José de Arimatea y Nicodemo, quienes cubrieron el cuerpo con mirra y aloes y luego lo envolvieron con lienzos como era la costumbre judía, y entonces. Lo llevaron a una tumba que no había sido usada.

El primer día de la semana, María Magdalena fue de madrugada al sepulcro donde habían sepultado al señor y al ver que habían removido la piedra que cubría la entrada, fue corriendo a avisarles a los discípulos. Juan y Pedro corrieron hacia la tumba y aunque Juan llegó primero, permaneció fuera. Cuando Pedro llegó, entró y vió los lienzos que habían cubierto el cuerpo de cristo pero la tumba estaba vacía. Ambos apóstoles se marcharon, María quedó allí llorando y fue la primera que

Vió al cristo resucitado, quien le dijo a María Magdalena que avisara a sus discípulos que él ya había resucitado y ella así lo hizo. Al anochecer de aquel mismo día, el señor Jesús apareció a los discípulos en el lugar donde se reunían en secreto por temor a los judíos. Jesús, poniéndose en medio de ellos y luego de mostrarles las llagas en sus manos y su costado, les dijo: "Como me ha enviado el Padre, así también yo os envío a vosotros."

El señor sopló sobre ellos el espíritu santo y dijo: "A los que remitáis los pecados, les han sido remitidos; y a quienes se los retengáis, les han sido retenidos."

Dos veces más se les apareció el señor a los apóstoles y luego subió a los cielos a sentarse a la diestra del padre. Su misión en la tierra había sido cumplida. La humanidad había sido salvada y el príncipe de las tinieblas había sido derrotado. El señor dejó a los apóstoles y a todos nosotros quienes lo hemos aceptado como nuestro señor y salvador el mandato de predicar las buenas nuevas a toda criatura. Solamente cuando a todas las naciones haya llegado la predicación de la palabra de Dios ocurrirá la segunda venida del señor Jesucristo a la tierra. Mientras tanto, "Los seguidores de Cristo esperamos confiados seguros de nuestra salvación y sabiendo que nuestro Señor ha Resucitado".

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