Desde tiempos muy antiguos han existido como parte de la cultura, de las costumbres y las tradiciones de los pueblos, un respecto y tratamiento especial hacia aquellas señoras que, habiéndose casado una sola vez durante toda su vida, llegan un día a quedarse solas ante la muerte de sus esposos.
Se hacia esta distinción pues estaba entendido que aquella mujer que había entregado su vida al hogar familiar y luego no tenia el respaldo de su pareja, necesitaba entonces el apoyo incondicional de la comunidad a la cual pertenecía. Aquella quien fuera la ayuda idónea de su esposo por tanto tiempo, con quien había formado una sola carne, había contribuido a la estabilidad de todos los hogares que veían el suyo como un ejemplo a seguir y por ende obtenían de sus semejantes, todo el respecto el cariño y la comprensión de Dios de estas mujeres en su nuevo estado de viudas, Siempre estuvo de manifiesto en la humanidad.
Desde los primeros libros que encontramos en la Biblia, nos damos cuenta de cuan celoso es nuestro Dios con nosotras las VIUDAS, pues al liberar al pueblo de Israel les dio por medio de la configuración del pacto sagrado las leyes y ordenanzas que debían seguir para que no pecáramos mas. El libro de EXODO 22-v22-24 “La palabra dice no afligiréis a ninguna viuda ni huérfano, porque si llega a afligirles y ellas clamaran a mí, ciertamente oiré su clamor y mi furor se encenderá, y os matare a espada; y vuestras mujeres quedaran viudas y vuestros hijos huérfanos. Estas ordenanzas fueron escuchadas por el pueblo de Israel en el desierto de sinaí provenientes de la misma voz de Dios.
Las viudas ocupan una delicada posición especial por el creador, así lo había establecido, llegando incluso éstas a ser merecedoras de recibir que los levitas compartieran la bendición del diezmo con ellas. Aquellos descendientes de la tribu de Levitas eran los que tenían a su cargo el ejercicio sacerdotal del pacto de la ley en tiempos de Moisés. En el libro de Det. C4-v-29 Dice “Entonces vendrán levitas que no tienen parte ni heredad contigo, el forastero, el huérfano, y la viuda que allá en tus ciudades. Ellas comerán y se saciaran, para que JEHOVA tu Dios te bendiga en toda obra que hagas con tus manos”. El señor no solo dijo a su pueblo que compartiera el fruto de su trabajo con las viudas, también les hablo acerca de sus momentos de regocijo en las celebraciones de las fiestas sagradas. En el c-16 del mismo libro v-14 leemos, “Regocíjate en tu fiesta tu, con tu hijo, tu hija, su sierva, el levita, el forastero, el huérfano y la viuda que este en tus ciudades” Y como sello y norma de Dios las dio escritas a Moisés para su pueblo Israel, unos capítulos mas adelante especialmente en el Det. 27 v-19 Dice ¡maldito el que pervierte el derecho de forastero, del huérfano y de la viuda! y todo el pueblo dice ¡AMEN!
La sabiduría del señor es infinita por eso en sus enseñanzas no encontraremos nunca imperfecciones o imprevisiones, Dios sabia que para este tiempo los creyentes estaríamos concientes de que el pacto de la ley tuvo que cumplirse en Jesucristo nuestro supremo sacerdote y con ese sacrificio continua el pacto eterno.
Hoy día muchos cristianos fundamentan su fe en el nuevo testamento, y el señor en su sabiduría también advierte en el libro de Lucas a aquellos que se aprovechan y maltratan a las viudas de Su comunidad espiritual, el el c-20 v-46-47 encontramos “Guardaos de los escribas, a quienes les gusta andar con ropas largas, que aman las salutaciones en las plazas, las primeras sillas en las sinagogas y los primeros asientos en los banquetes. Esto que devoran las ordenanzas de las vidas de las viudas, y como pretexto hacen largas oraciones, los mismos recibirán mayor condenación.
Como mujer viuda que soy, encuentro consuelo en la palabra de Dios, encuentro fortaleza en sus promesas y me cobijo bajo su protección de su gracia, así mismo exhorto a otras mujeres viudas como yo, a sentirse regocijadas en el amor de nuestro creados, aunque no entendamos muchas veces las desconsideraciones que somos sometidas aun por nuestros propios hermanos en cristo, que dicen profesar la fe cristiana, pero aparentan no haber leído en la Biblia, acerca de la delicadeza que bebemos ser tratadas no solo por ser mujeres en nuestra misión de mujer y de madre que nace de nuestro vientre la vida de nuestros seres humanos y nuestra familia, quienes son columna que mantienen den pie a nuestra Nación.
En un mundo donde el rol de la familia se desvirtúa cada vez mas, nosotras hemos sabido encontrar la dirección de Dios para orientar a nuestros hijos, a otras esposas más jóvenes, y a los hijos de otra familia, y en el SEÑOR tenemos nuestra recompensa. En 1ro. De Timoteo, c-5 el señor habla del papel importantísimo que tenemos en la iglesia, de cómo los familiares, especialmente los hijos, deben de proveer a sus madres, deben compartir igual que el sacerdocio de los levitas con las viudas a través de su diezmo.
Nuestros hijos deben cumplir, honrando a su madre en el papel de “Hijo e ahí tu madre”, mandato de nuestro señor Jesucristo desde la cruz a su hermano Juan, para con su madre Maria (Juan 19 v-17).
Todo cristiano, comenzando por los sacerdotes y demás lideres de la NACION , deben tener bien presente las notas bíblicas que aquí yo he citado al pueblo de Dios, la manera en que debemos ser tratadas las viudas, porque somos seres especiales, valiosas e importantes para la obra del SEÑOR, como sierva de Dios, madre, y viuda mujer.
martes, 28 de abril de 2009
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